viernes, 14 de agosto de 2015

Tomar nota

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"No seas ingenua Isabel, son todos iguales, una vez que alcanzan el poder se comportan de la misma manera", le decía un señor a su mujer mientras tomaban un café  compartiendo mesa con otra pareja en un bar del barrio. Las discrepancias mantenidas y puestas de manifiesto entre el matrimonio de turistas nacionales en torno a la corrupción política, por un lado desvelaban la inclinación de la señora a dar la bienvenida y abrir la puerta  de la confianza a nuevos actores políticos; y por otro parecían revelar la justificación y el acomodo de una conciencia personal (la de él) que, aun estando tocada y a disgusto por el fraude de la voluminosa indecencia salida a flote en la parcela política mimada durante años, no encontraba motivos para cambiar la dirección del difusor de riego electoral hacia otro terreno. Isabel y su marido seguirán distanciados ideológicamente, tal como confesó ésta públicamente cuando se iban, aunque con la voluntad de seguir manteniendo con amor y honestidad el proyecto familiar puesto en marcha hace ya unas décadas. Algo de lo que deberían tomar nota  quienes meten la mano en la caja, ensucian  la actividad política y degradan la democracia.


Criterio y autoridad moral

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"Qué asco me da el programa ¡Vaya fauna!, maltratan a los animales para divertir a cuatro gilipollas", es una de las lindezas con tono moderado que, según mi hija, se escribían en la red social Twitter de manera simultánea a la emisión del espacio televisivo, un concurso en el que animales de distintas especies ponen en práctica las habilidades logradas a través del adiestramiento.  He visto parte del programa y,  la verdad, más allá de las consideraciones sobre el derecho o la conveniencia de estimular y modelar la conducta de los loros, perros, cerdos, osos u ovejas, no he percibido el  maltrato generador de tan duras críticas y denuncias. Otra historia son las sospechas generadas en torno a los métodos empleados para lograr  las enseñanzas mostradas  en el plató, aunque  es algo que se queda en meras  presunciones. No es un espectáculo que me apasione, pero insultar e incluso desear la muerte de quien se monta encima de una vaca para hacer cuatro cosillas, aludiendo a la falta de sentimientos y respeto hacia la res (y quizás  mientras uno se está comiendo una lubina o un buen filete de ternera), no parece dejar en muy buen lugar el criterio y la autoridad moral del reprobador.    


jueves, 6 de agosto de 2015

Círculos viciosos

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Informes sobre la economía sumergida española situaban el porcentaje de la misma en un 18,6% del Producto Interior Bruto (PBI) en 2013, viéndose reducida en  casi un punto respecto al 2009 y en prácticamente dos y medio en comparación con el 2000, un descenso relacionado directamente con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Como decía un conocido  hace un par de días, con un nivel de paro próximo al 24% y unas ofertas de empleo que, en su mayor parte, no garantizan unos ingresos suficientes para cubrir los gastos básicos y corrientes de las familias, parece que el trabajo sumergido  o en negro  va a ser una solución,  alternativa o complemento para intentar cubrir las necesidades básicas de los hogares. Y, a elegir entre  comer  o abonar la cuota de la comunidad y pagar el IVA de un trabajo o servicio, la opción entraña pocas dudas.  Según las estadísticas, el peso de la economía informal en Suiza, Austria y Holanda está por debajo del 10% del PBI, naciones europeas con niveles de paro, desigualdad y pobreza social sensiblemente inferiores a los registrados en países como España,  unos datos que invitan a reflexión. Hay sistemas que propician y alimentan los círculos viciosos.

Joyitas de colección

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Que la ballena estaba dándose un baño, tal como dijo el presentador de los informativos al comentar una noticia sobre la aparición del cetáceo en una playa española de la costa mediterránea, sonó a expresión popular natural y espontánea, así como cuando se dice voy a tomar un poco el aire. Algo distante respecto a la cursilería que pudo ser escuchada  cuando el micrófono del reportero se acercó a la  boca de la  paseante, una ridiculez con la intensidad de un trueno, o al menos ese fue el efecto provocado  al oír que el mamífero marino le procuraba glamour a la zona. Ahora bien, entre el sonido de la tontería  y el de la desfachatez también existen diferencias notables, siendo este último bastante más desagradable e indignante. Tan sólo hay que prestar atención a algunas de las frases estrella salidas en los medios de comunicación en las que reproducen conversaciones grabadas por las autoridades en distintos casos de corrupción política, como podría ser la reluciente joyita de colección mencionada por un ex diputado de la Comunidad Autonómica de Madrid: Aquí estoy, tocándome los huevos, que para eso me hice diputado. ¡Manda huevos!, dijo en su día un compañero del mismo  partido.     

martes, 14 de julio de 2015

¿No preocupa?

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Asustadito se queda uno ante el desconocimiento que puede llegar a tenerse  acerca de la actualidad, y más cuando, como es el caso de una buena amistad de nuestra hija, se vive en una vivienda con más de una televisión, se tiene teléfono y ordenador con acceso a Internet, se vive en un lugar donde abundan los quioscos  cuyos escaparates muestran las portadas de los periódicos y  se cursa el  segundo año de medicina. En tales circunstancias, parece imposible ignorar la situación por la que atraviesa Grecia y la existencia del referéndum, poner cara de extrañeza   al pronunciar el nombre de Esperanza Aguirre, desconocer a qué partido político pertenece el máximo responsable del gobierno de la nación o no saber quién es el presidente de la Comunidad Autónoma en la que se vive.  Los nuevos planes de estudio diseñados para la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), incorporan asignaturas orientadas a la formación básica de los alumnos en materia económica, financiera y empresarial, sin embargo,  no hay nada previsto para combatir   la desconexión e incultura política de las nuevas generaciones. ¿No preocupa el desentendimiento y la actitud acrítica e irreflexiva de los ciudadanos? 

sábado, 11 de julio de 2015

Así va a ser complicado

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Aunque    fraude y decepción son términos  muy utilizados en la actualidad para  describir el estado emocional de gran parte de la población ante la dinámica política de los últimos tiempos, el engaño acecha y se presenta en cualquier momento y  esquina. “De primero tienen para elegir entre ensaladilla rusa o paella”,  dice el camarero del restaurante que nos atiende e informa con amabilidad de las opciones del menú del día, y, pasados unos minutos,  hace aparición una bandeja ovalada  de acero inoxidable con la inolvidable sorpresa. ¿Paella? En realidad, las expectativas eran modestas,  nadie esperaba un plato elaborado con variedad y abundancia de carne de caza y pescado y marisco recién  salido del mar,  pero tampoco una montaña de arroz con textura y apariencia  de haber sido elaborada en una hormigonera, una masa amarillenta acompañada de un cuello y cuatro trozos de piel de pollo.  ¿Qué pensarían los responsables de confeccionar y servir tan peculiar y sabrosa receta culinaria, si al pedir y comprar una cazadora le envuelven  unos calzoncillos usados? No es poniendo chascos en las mesas como se seduce y conquista el paladar, la vista, el olfato y el estómago de los clientes.

martes, 7 de julio de 2015

No es un capricho

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La reacción  instintiva de los animales ante el avance y la proximidad de las llamas y los humos generados en un incendio que arrasa su hábitat natural y representa una amenaza inminente para la vida, es la de abandonar el lugar para ponerse a salvo del fuego y ubicarse en nuevos enclaves donde satisfacer sus necesidades. De la misma manera, cuando las personas están sometidas a situaciones de acoso y asfixia derivadas de conflictos bélicos, de políticas intolerantes o de escasez de alimentos, una  respuesta natural es la de iniciar el movimiento tratando de alejarse de la hostilidad y la miseria. La gente no suele tener el capricho irrefrenable   de abandonar un entorno de seguridad y confort con la intención de tomar caminos  en los que acecha el peligro, abunda el desprecio y rezuma la incomprensión, la emigración en masa no es una fiesta compartida. Si el  conjunto de naciones pusiera mayor empeño en cultivar paz, libertad, justicia social y sensibilidad medioambiental, serían menores las preocupaciones y los esfuerzos dedicados  a la instalación de muros y alambradas, al incremento  y sofisticación de los controles fronterizos  y a las  repatriaciones. 

Persistir

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Y, ¿por qué  el niño va a ser más feliz pescando en un barco de recreo en altamar que si realiza esa misma actividad en el río? ¿Quién le garantiza que no acabará con un mareo de mil demonios y deseando por encima de todo volver a poner los pies en tierra firme? Se trata de  incógnitas surgidas tras  escuchar en la radio un anuncio publicitario de la Lotería Nacional donde una madre le dice a su hijo que, debido a un imprevisto, este año no podrá pescar en el río porque lo hará desde un yate navegando en medio del océano. Siendo evidente que el sueño de la  embarcación pertenece a los padres de la criatura, pues el chiquillo ya debía estar preparando la caña y los aparejos para ir a la trucha durante las vacaciones, en realidad, lo llamativo y, en mi opinión,  preocupante desde una perspectiva social e individual,  es el mensaje subliminal de la publicidad, al establecer una correlación entre la felicidad y la riqueza.  Introducir en los menores el deseo obsesivo y desproporcionado  por las posesiones y la fortuna, parece ser de lo más apropiado para continuar creando fango. 

sábado, 27 de junio de 2015

Cuestiones que retumban

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Llama la atención escuchar a personas con responsabilidades políticas e institucionales decir que la política debe prescindir de una compañía tan nefasta como la corrupción y que los cargos electos no están para servirse de la ciudadanía, sino y, contrariamente, para servir y trabajar en beneficio de ésta. Declaraciones de esta naturaleza tras casi cuatro décadas de democracia, denotan el alto grado de asimilación, connivencia y pusilanimidad social sedimentado en torno a las malas prácticas. Aun siendo mejor tarde que nunca, en realidad existen dudas razonables respecto a la capacidad de corrección y reeducación de quienes portan el virus de la deslealtad, desfachatez y codicia, pues la resistencia alcanzada por éste después de largos años de permanencia en el organismo es  muy elevada. 
Otra cuestión que retumba y contribuye a rasgar el tejido  de la ética social es la  adaptación de las normas a la  herrumbre moral generada en el entorno político,  la aplicación de una capa legislativa que ofrezca protección y validez a los comportamientos oscuros e indecentes. Así, cuando el desempeño simultáneo de actividades públicas y privadas es causa de exclamaciones y reproches, solo hay que buscar un vestido blanco y darle el visto bueno. 

martes, 23 de junio de 2015

Mayor amplitud de miras

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Según puede leerse en la enciclopedia digital Wikipedia, la decisión tomada a finales de los años 50 del siglo pasado por el gobierno chino, consistente en el exterminio de los gorriones (habían sido señalados y acusados de comer el grano almacenado generando con ello graves perjuicios a la agricultura) y adoptada en base a cálculos numéricos que soslayaban las posibles consecuencias colaterales, favoreció la aparición de plagas de langostas que devoraron las cosechas ocasionando un periodo de hambruna extrema. Si existe preocupación por la baja natalidad española y el consiguiente declive demográfico, es difícil comprender la insistencia en seguir avanzando por el camino de los recortes y la austeridad, pues poner la vida más difícil a la ciudadanía no estimula la procreación. En días pasados, y haciendo alusión al problema de la demografía, desde el Banco de España se recomendaba a los jóvenes que comiencen a ahorrar para afrontar un futuro con pensiones a la baja. Lamentablemente, miles de jóvenes han tenido que emigrar, otros  tantos contemplan la misma opción y  buena parte de bajo porcentaje con empleo en nuestro país vive en casa de los padres por incapacidad económica para emanciparse. Optimas condiciones para tener hijos y ahorrar.